El doggen miro de soslayo una vez más a ver
si el pequeño iba junto a él. No podía perderlo de vista, pero por nada del
mundo iba a tomarlo de la mano. Esperaron que el tráfico se detuviera para
cruzar la calle, el hombre vestido completamente de negro puso una mano a escasos
centímetros de la nuca del pequeño.
-amo por favor apu… ¿amo?- el doggen miro a
su izquierda desesperado, giro sobre su eje
buscando al pequeño, lo encontró frente a una vidriera de una
juguetería, asombrado por la decoración. Pinos, renos, copos de nieve y colores
rojos y verdes predominaban.
-mira esto ¿Quién es ese?- el chico estaba
casi pegado al gran vidrio y apoyaba un dedo frente al hombre barbudo.
-no lo sé amo, sigamos por favor.
-quiero saber quién es ese.
El doggen bufo, puso una mano sobre el
hombro del chico y jalo para quitarlo de donde parecía estaba enraizado.
Llegaron al teatro acordado y los ojos del
joven buscaron ansiosos entre la gente hasta que encontró su objetivo y salió
disparado sonriendo y gritando, cuando llego hasta su amigo lo estrujo feliz.
-Blay, no sabes lo que vi…
El doggen llego sin aliento, saludo con una
pequeña reverencia a los dos vampiros adultos y se excusó por llegar tarde.
-gracias, dígale a los padres de Qhuinn que
él se quedará a dormir en mi casa.
-si amo como ordene, permiso.- dio media
vuelta y desapareció como por magia.
Rocke miro a los dos pequeños sonriendo.
-que es lo que viste Qhuinn.
-Ho! Un señor con barba, gordo…
-eso es una fiesta humana, la navidad.
Qhuinn miro a Blay y ambos en silencio
planearon una de sus cosas que llevaría toda la noche en vela. Compraron
golosinas hasta que sus manos estuvieron repletas y corrieron a la primera fila
del teatro para ver la obra infantil navideña.
Blay miraba a su amigo que no salía de su
asombro, él no había dicho nada pero conocía de cabo a rabo cada escena, de vez
en cuando se acercaba a su oído y le decía algún color o le adelantaba alguna
escena cuando el ceño de Qhuinn se fruncía serio.
Qhuinn miraba a cada rato a escondidas a su
amigo trataba de mirar sus ojos y luego las ropas, Blay siempre le decía, ese
color es azul, amarillo, rojo, verde…
Llegaron agotados a la casa de Blay,
merendaron y corrieron a ver que desmanes podían hacer sin propagar un caos por
toda la casa. Los doggen reían cuando Blay corría para que Qhuinn no le hiciera
cosquillas y Rocke miraba la escena feliz.
Se acercó a su shellan abrazándola para
llevarla a donde los niños jugaban y pegándola a su cuerpo le susurro en el
oído.
-tengo una idea que les fascinará.
Era ya de madrugada cuando los niños
accedieron a dejar el cuarto de juegos y la misma habitación de Blay en
condiciones aceptables a cambio de que uno de los doggen más viejo de la casa
le contara un par de historias que se conocía.
Se sentaron en el piso sobre una alfombra
mullida con caramelos y barras de chocolates entre las piernas cuando el doggen
pidiendo permiso se sentó frente a ellos en una silla.
“la noche era oscura y silenciosa, parecía
que él absorbía la luz, las estrellas y la luna desparecían entre espesas nubes
oscuras…”
Cayeron rendidos. Despertaron a la tarde
siguiente por un gran alboroto que sucedía en alguna parte de la casa,
poniéndose sus batas salieron a investigar qué era todo ese ruido, risas y
protestas cuando se encontraron con un enorme árbol de pino en medio de la
sala.
Los doggens luchaban con largos metros de
cable con pequeñas lucecitas mientras otros quitaban los adornos de sus
envolturas y cajas y dejaban todo sobre una canasta. Rocke y su shellan estaban
revisando cosas cuando les vieron y sonrieron mientras los invitaban a pasar.
-¡mira es un árbol de navidad Qhuinn!-la
voz asombrada de Blay saco del estupor a su amigo quien se acercó al pino y
empezó a observarlo curioso.
-y lo decoraréis vosotros.
-¿en serio mahmen?
-vamos colorao que esperas trae los
adornos.-grito Qhuinn arrastrando una pequeña escalerita para llegar a las
partes más altas.
Ambos se dedicaron a colocar los renos,
papás Noel, borlas, pelotitas de colores, cintas brillantes, y luego fueron
elevados para colocar una bella estrella como oro en la punta.
El anciano doggen de las historias les
trajo chocolate caliente y biscochos mientras les susurraba que tenía historias
de humanos sobre tres fantasmas de la navidad. Los pobres niños casi se ahogan
al pedir que les contara la historia pero eso sucedería al irse a dormir y para
eso faltaban horas. Con un puchero y una queja aceptaron de mala gana esperar.
Cuando el sol caía encendieron las luces y
decoraron el exterior, se veía extraña la fachada de la casa decorada
navideñamente mientras las otras imponentes mansiones se veían frías y desnudas
de lucecitas de colores y figuras de duendes y animalitos.
Eckle apareció serio, vestido elegantemente
de negro. Miro la casa y sus cejas casi se tocaban de cómo había fruncido su
ceño. Hizo una leve reverencia a Rocke y saludo a Blay con una sonrisa.
Cuando vio a su hermano, de muy mala gana
le dijo que tomara sus cosas y que fuera rápido que debía irse para la casa. El
pequeño miro a su amigo todo compungido y fue por su chaqueta y la mochila y
abrazo fuerte a Blay pidiéndole que recordara la historia de los fantasmas para
que se la contara la próxima vez que se vieran.
Cuando hubieron desaparecido de la vista de
la familia de Blay se subieron a un coche.
-olvídate que regresaras, tu mala
influencia desacredita a esta familia. Desde cuando la raza debe festejar
acontecimientos humanos.
-pero no hice nada malo, solo le dije a mi
amigo que…
-tú no tienes amigos enano, solo que Blay
le da mucha pena decirte que te tolera por que se le ordena.
Qhuinn miro las casas humanas, decoradas
con muchas cosas desde pequeñas figuras de santa Claus hasta enormes pinos
decorados con luces pequeñas y parpadeantes. Salió del auto rápido y quiso que,
como siempre se le olvidara a sus padres que existía para encerrarse en su
cuarto, pero parecía que nada era como deseaba ya que su padre esperaba para
asestarle otro sermón de la glymera, las costumbres y ese estúpido lugar al que
el jamás pertenecería por su falla.
Pasaron los días y la famosa noche buena
apareció como un fantasmita a rondar por la cabeza de Qhuinn quien esperando a
que todos en la casa estuvieran en sus cosas hizo un bolso y desapareció por la
ventana de su cuarto.
Conocía el recorrido de memoria, cada casa,
árbol, esquina y calle podía describirlas a ojos cerrados. Mientras caminaba
miraba los escaparates navideños de algunos locales y sonreía con la idea,
debía apurarse si quería dar su sorpresa.
Blay se despertó sobresaltado, algo saltaba
sin cesar sobre su cama, se quitó la manta sobre su cabeza y vio a su amigo con
un gorro navideño, riendo a carcajadas. Cuando vio que ya estaba despierto se tiró
de cabeza casi sobre él y lo abrazo fuerte.
-llego santa- grito Qhuinn mientras buscaba
fastidiar a su amigo.
Blay sonriendo abrazo fuerte al niño que
buscaba hacerle cosquillas y regresar a saltar en la cama y luego lo miro
serio.
-que haces aquí, dejaste dicho que no me querías
mas.
-lo mismo me dijeron de ti, pero no creo en
estupideces, anda ven tengo algo para ti- Qhuinn jalo de Blay hasta que este
acepto acompañarlo, rebuscando en su bolso saco unas letras hechas en cobre,
tomo la Q hecha en la antigua lengua y se la entregó a su amigo y mostrando la
B la guardo en su bolsillo- feliz navidad amigo.
Golpearon a la puerta y los niños salieron
a ver las cosas debajo del árbol. En verdad santa había pasado, llenando el
piso de regalos. Un tren a escala giraba sobre sus vías alrededor del árbol,
sus vagones estaban repletos de chocolates y caramelos…
20 años después…
Qhuinn miro como Zsadist ayudaba a su
pequeña hija a colocar unos adornos en el árbol, bella y las demás mujeres de
la mansión reían y hacían listas navideñas, mientras los hermanos peleaban con
luces de colores, adornos y otros jugaban al billar o comían palomitas.
Blay bajo con una pequeña caja, lo miro
sonriente y vio el brillo en sus ojos, algo se traía el condenado. Se acercó y
le miro un segundo antes de clavar los ojos en la caja.
-que rayos te traes nallum?
-adivina me los envió mi padre, dijo que
nos servirían.
De la caja saco dos botas navideñas delicadamente
envueltas.
Qhuinn tomo su billetera y quito su viejo
recuerdo de su primer y maravillosa navidad, mientras se abrazaba a su pareja.
-Ho! Qhuinn aun lo conservas, yo tengo el mío
en el cuarto, pensé que le habías perdido.
-como perder el regalo de mi mejor navidad?
Ambos fueron a colgar las botas con el
resto de la familia…y dos misteriosas medias rojas que
decían Red Sox.
Autor: Qhuinn Rlhdn

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