Mary llegó a la mansión calada de agua hasta los huesos, el remate para un día perfecto… subió directamente a su habitación sin hablar con nadie, hoy no tenia ánimos para ser sociable. Tiró la ropa mojada a la canasta de la ropa sucia y me metió en la ducha intentando relajarse pero no funcionó esa maldita tormenta no la dejaba relajarse.
Se tumbó en la cama acurrucada como un gatito abrazada a la almohada, la tormenta no cesaba, cada vez un relámpago o rayo caía iluminaba la habitación, no le daban miedo las tormentas, es sólo que… no le gustaban.
-¿Dónde estás cariño? -susurró Mary en la oscuridad mirando el reloj que marcaban las 4 am y abrazándose más a la almohada.
Los minutos eran eternos y no podía dejar de pensar en el infierno de día que había tenido hoy.
A las 7 de la tarde en cuanto oscureció Mary tuvo que ir a la clínica de Havers a recoger a una hembra para llevarla a Lugar Seguro. Había hablado días antes con ella, bueno si a eso se le podía llamar hablar, la pobre estaba tan mal herida que apenas podía asentir con la cabeza a sus respuestas. El desgraciado de su hellren la había golpeado hasta dejarla inconsciente y cuando creía que la había matado se había volado la tapa de los sesos. Puede que fuera de mala persona pero Mary deseaba con todas sus fuerzas que lo hubiera hecho antes de ponerle una mano encima a la pobre mujer.
En la puerta de la clínica tomó aire y lo soltó profundamente antes de entrar, odiaba los hospitales, aunque fuera un hospital de vampiros no dejaba de ser un hospital. Había gente enferma, las enfermeras corrían por los pasillos con sus impecables uniformes, en la sala de espera había personas con cara triste y otras llorando esperando a que un médico saliera a informarles del estado de sus seres queridos y olía a desinfectante, odiaba ese olor… le recordaba a los meses y meses que tuvo que olerlo día tras día y a otras muchas cosas… Con paso decidido fue hasta la recepción y esperó a que alguien la atendiera, gracias a Dios la enfermera que se acercó fue Catya, la jefa de enfermeras y la que solía ponerse en contacto con ella cuando llegaba algún posible caso de malos tratos pero en cuando esta la vio su deslumbrante sonrisa se transformó en una máscara indescifrable.
-¿Qué ocurre Catya? – Catya terminó de recorrer el espacio entre las dos y le puso una mano en el brazo a Mary.
-No lo ha conseguido Mary.
Mary se tensó al momento, no hacía falta que le preguntara a qué se refería ambas lo sabían, Tina, la chica que Mary venía a recoger para llevarla a Lugar seguro, para darle una nueva oportunidad y la esperanza de una nueva vida había fallecido, ya no había más esperanza para ella.
-¿Pero cómo? Cuando hablé con ella estaba mal pero… Havers dijo que unos días estaría lo suficientemente bien como para llevárnosla y… ¿por qué nadie nos ha avisado?
-Ha ocurrido hace tan sólo un rato Mary, sufrió una crisis y no la superó. El doctor está en estos momentos celebrando la ceremonia por su fallecimiento. Siento no haberos podido avisar antes.
-No te preocupes es sólo… era tan joven… - Mary puso su mano encima de la de Catya que todavía tenía en su brazo y se la apretó suavemente - ¿Hay algo que pueda hacer? No tenía más familiares así que si puedo ayudar en algo…
Catya negó con la cabeza y sonrió amablemente a Mary - Nosotros nos ocupamos de todo pero estoy segura que desde el Fade está agradecida de que alguien se preocupe por ella. Vete a casa Mary.
Las lágrimas se agolparon en la garganta de Mary e hizo un gran esfuerzo por no echarse a llorar delante de la jefa de enfermeras – Si ocurre algo… bueno ya sabes… llámanos por favor.
Catya le dio un leve abrazo y continuó con sus quehaceres mientras Mary cabizbaja se dirigía hacia la puerta. Logró retener las lágrimas hasta llegar al coche pero la maldita llave no quería abrir y esa fue la gota que colmó el vaso, lloró y lloró apoyada en la puerta del coche hasta que no le quedaron lágrimas y cuando estuvo un poco más serena cerró los ojos esperando que el frescor nocturno secara los restos de lágrimas de su cara, al cabo de un rato estaba más tranquila y sacó el móvil con intención de llamar a Rhage. Necesitaba aunque fuera escuchar su voz y que él la alegrara con alguna de sus ocurrencias o que le dijera que la quería pero se arrepintió y lo metió de nuevo en el bolso, si lo llamaba él notaría que estaba mal y antes de que le diera tiempo de colgar lo tendría delante suya preocupado y ella no quería eso, esta noche le tocaba patrullar y tenía que estar descansado y relajado así que simplemente se montó en su Volvo y se dirigió de nuevo a Lugar Seguro a contarle a Marissa lo ocurrido.
El resto del día no fue mucho mejor y de regreso a casa comenzó a llover, una lluvia suave que se acabó convirtiendo en una tormenta que a punto estuvo de hacer que tuviera que parar en el arcén a esperar que pasara porque ni siquiera veía por dónde iba pero la tormenta no tenía pinta de parar y ella se moría por llegar a casa.
Y ahí se encontraba ahora, en casa, acurrucada contra la almohada esperando a Rhage y deseando que la maldita tormenta acabara mientras su cabeza iba a mil por hora de un pensamiento a otro y ninguno de ellos eran lo que se dicen buenos recuerdos.
-¿Por qué tiene que llover de esta manera hoy? Precisamente hoy…
Escuchó la puerta abrirse la vez que un trueno sonó como si estuviera destruyendo el mundo y pegó un bote involuntario en la cama, miró hacia la puerta y la luz de un relámpago iluminó el hermoso rostro de su hellren.
-¡Rhage! Ya estás aquí – Se levantó tan deprisa de la cama que se enredó con las sabanas y casi acaba de bruces en el suelo pero logró mantener el equilibrio y salió corriendo a lanzarse a los brazos de su marido.
Rhage abrió la puerta y logró ver a Mary acurrucada en la cama como una niña pequeña durante un segundo antes de que ella saliera corriendo a abrazarlo.
-Si leelan ya estoy aquí – Rhage la abrazó y sintió la angustia y el miedo de Mary al instante - ¿Qué te pasa nena? – Ella no respondió y se abrazó más fuerte contra su pecho – Mary ¿Qué ocurre?
-Nada, te echaba de menos – que a gusto estaba entre sus brazos con su enorme mano acariciándole suavemente la espalda - ¿Cómo te ha ido la noche? ¿Os habéis encontrado con algunos de esos? ¿Estás bien verdad?
Rhage la miró alzando una ceja ¿de verdad pensaba que podía engañarlo o cambiar de tema tan fácilmente? - Ha sido una noche muy tranquila, no ha pasado nada, sólo que vengo empapado por la maldita lluvia y te estoy mojando nalla, dame un segundo para que me seque y tu y yo vamos a hablar de lo que te pasa.
-No me pasa nada y no me importa que estés mojado – dijo Mary todavía abrazada a él negándose a soltarlo.
-Y a mí no me importa estar mojado pero sí que te mojes tú además mientes fatal leelan – Le cogió la barbilla con la mano y la besó dulcemente en los labios - Mira como te he puesto, estás empapada.
Rhage miró a Mary de arriba abajo, llevaba el pañalón de pijama de lunas y estrellas que tanto le gustaban y una camiseta sin mangas blanca. Al abrazarla la había mojado por completo y la camiseta trasparentaba sus pezones erectos por la humedad de la camiseta, con tan sólo mirarla sintió como su miembro se hinchaba deseoso de ella pero este no era el momento aunque ella no lo reconociera no estaba bien y si alguna cualidad tenía era que era igual que un perro con un hueso no pararía hasta que le dijera que le pasaba.
-Nena ven aquí - Rhage se agachó un poco y le quito los pantalones a Mary, ella no se resistió, pensaría que él quería sexo y realmente lo quería por la Virgen que lo quería pero Mary no estaba excitada, al menos no de la forma que a Rhage le gustaba que lo estuviera cuando le hacía el amor, estaba seguro que lo recibiría con amor, su Mary nunca lo había rechazado y también sabía que finalmente lo disfrutaría pero no era sexo lo que ella quería en este momento, si lo hacía era para evitar hablar y olvidar aquello que le estuviera rondando por la cabeza. Después de los pantalones fue la camiseta, la dejó desnuda tan sólo con la braguitas, tuvo que hacer un esfuerzo enorme para no lanzarse sobre ella pero en vez de eso le beso la mejilla y le dio una palmadita en el trasero.
- Anda ve a ponerte algo seco mientras me cambio, no quiero que te enfríes – ella lo miró desconcertada por un momento pero se giró sin decir nada, eso sí que lo preocupó. Su Mary ¿retirándose sin replicar? Algo andaba mal.
Rhage tardó unos minutos en quitarse la ropa mojada y darse una ducha rápida, cuando salió del baño la encontró de nuevo acurrucada contra la almohada con la mirada fija hacia la terraza y la tormenta, fue hasta la cama y se tumbo junto a ella.
-Te he cogido una camiseta para dormir ¿no te importa no? – dijo ella sin ni siquiera mirarlo.
-No leelan, no me importa, me encanta cuándo lo haces – iba a rodearle la cintura con el brazo cuando un trueno pareció estrellarse justo en la terraza causando un estruendo enorme, en ese momento Mary se giró y se abrazó a Rhage enterrando la cara en su pecho – ¿Eso es lo que te pasa leelan?¿te dan miedo las tormentas, por eso estás así?
-No me dan miedo, simplemente no me gustan.
-Ya… -Rhage comenzó a acariciarle la espalda para calmarla y se preguntó cómo demonios no se había dado cuentas antes de que a su shellan le daban miedo las tormentas ¿tantas noches pasaba fuera? -¿por qué no lo has dicho antes?
-No me dan miedo… es sólo que hoy no ha sido un buen día y este tiempo no ayuda.
Por fin comenzaba a abrirse… - ¿Por qué no ha sido un buen día nalla?
Mary suspiró y comenzó a contarle toda la historia de Tina y de cómo su día había ido empeorando por momentos, lo impotente que se sentía en esos casos y que lo único que quería era que la abrazara y que durmieran así, juntos.
-Lo siento leelan – Rhage la había escuchado atento y acariciándola cómo siempre hacía cuando ella le contaba algo. Mary era muy sensible pero también le costaba horrores mostrarse vulnerable delante de la gente, se había construido un caparazón de hierro para ocultar sus sentimientos y mostrarse autosuficiente delante de los demás todos los años que había estado sola. Rhage poco a poco había conseguido que se mostrara tal y como era con él pero tenía que ir con mucho cuidado de no presionarla si no quería que volviera a encerrarse en sí misma. – Me gustaría haber estado contigo cariño ¿hay algo que puedo hacer para que te sientas mejor?
-Sólo abrázame.
-Eso está hecho - Él la estrechó entre sus brazos y ella entrelazó sus piernas con las de él pero cuando un relámpago cruzó el aire y Mary soltó un gemido Rhage supo que había algo más, algo que ella no le contaba y que era lo que realmente la tenia mal - ¿no vas a contármelo verdad?
-¿El qué?
-Lo que te tiene así.
- Ya lo he hecho –casi, pensó.
-Está bien, cuando quieras hablar ya sabes dónde estoy – su tono era suave pero Mary notó la rabia contenida bajo sus palabras, era su marido, no era justo que no le contara lo que sentía pero no quería que sintiera pena por ella, no soportaba que nadie la sintiera y mucho menos él pero si no lo hacía le estaba haciendo daño. Rhage pensaba que no confiaba en él y eso no era así, confiaba más en él que en sí misma.
-Me dan pena –dijo en un susurro.
-¿Qué?
-Las tormentas… me dan pena, tristeza.
-¿Y eso por qué cariño?
-Me traen malos recuerdos.
-¿Y no me los quieres contar verdad?
-No, pero lo haré – Mary restregó la mejilla contra el pecho desnudo de Rhage intentando reunir fuerzas.
-Leelan, si no lo quieres hacer no tienes por qué contármelo, yo sólo quiero que estés bien.
-Lo sé y por eso te lo voy a contar…
-Mary….
-Me recuerdan a cuando estaba enferma - Rhage se tensó por completo y la abrazó más fuerte, la enfermedad de Mary era prácticamente un tema tabú entre ellos, a ella le dolía recordarlo y no le era fácil hablar de ello y él la respetaba aunque le gustaría saber algunas cosas. Pero cuando las dudas lo asaltaban se obligaba a recordar que debía dar gracias a la Virgen por tenerla con él y con la tranquilidad de que esa maldita enfermedad nunca recaería sobre ella de nuevo. Pero aún así… que ella hubiera decidido hablar de eso ahora… no debía de encontrarse bien.
-¿Por qué cariño? ¿Qué tienen que ver las tormentas?
-Hoy ya me había acordado de ella cuando fui al hospital… pero luego con la tormenta… no me la puedo quitar de la cabeza.
-¿Ella? ¿De quién te has acordado nalla? - ¿sería de su madre?
-De Evangeline…
-¿Evangeline? No recuerdo que nunca me hayas hablado de nadie que se llame así.
-Porque no lo he hecho.
-Mary, mi vida, me estas preocupando ¿Qué te pasa nena? Cuéntamelo por favor…
Mary tomó aire y levantó la mirada para ver a Rhage – Evangeline era mi compañera de habitación en el hospital… la primera vez que enfermé, ambas estábamos esperando un donante de médula para el trasplante… - Se calló un momento y Rhage le beso la frente animándola a continuar. – Yo… no tenía a nadie que me la pudiera donar así que tenía que esperar a un donante externo, no había muchas posibilidades pero bueno allí estaba…
Rhage la abrazaba tan fuerte que casi no la dejaba respirar a menudo se preguntaba cómo habría sido aquel trance para ella, joven y sola y se maldecía por no haberla conocido antes y haber estado con ella cuando lo necesitó.
– Pero para Evangeline era aún peor tenía una familia enorme y nadie era compatible con ella, su familia estaba destrozada… Pasamos varios meses juntas y nos hicimos amigas, era un par de años más joven que yo y estaba prometida, era una chica estupenda. Yo… yo me sentía muy sola allí Rhage… no tenía a nadie, antes de que me pusieran a Evangeline de compañera de habitación podía pasarme días sin ver o sin hablar con nadie… - A Mary se le hizo un nudo en el estómago y trato con todas sus fuerzas de contener las lágrimas.
-Lo siento amor mío, yo debí haber estado allí contigo yo... – Mary le tapó la boca con los dedos y siguió hablando.
-Tú no podías hacer nada porque ni siquiera me conocías.
-¿Y no tenías a nadie nalla? ¿Ninguna amiga en la que apoyarte? – Esa era una duda que había carcomido a Rhage por dentro durante años pero que nunca se había atrevido a preguntar y sabía que si no lo hacía ahora nunca lo haría.
-No… al principio algunas compañeras de trabajo se pasaban a verme, me traían flores… luego las visitas fueron cambiando por llamadas de teléfono y luego nada… pero yo lo comprendía ninguna era una verdadera amiga y para nadie tiene que ser agradable ver a alguien como muere poco a poco.
Rhage tenía ganas de ir a buscar a esas hijas de la grandísima put* y arrancarles el corazón de cuajo porque que abandonaran de esa manera a alguien tan bueno como su Mary era de no tener corazón.
-Pero tú no moriste nalla y aunque hubiera pensado que iba a ser así…
-Estuve muy cerca Rhage – el comenzó a acariciarle la espalda, no sabía cómo consolarla, contarle esto le debía de estar costando muchísimo y el ahí estaba como un estúpido sin saber qué decir – Pero todo cambió cuando llegó Evangeline, encontré una amiga y nos pasábamos horas hablando y la enfermedad no estaba entre nuestros temas desde luego, ella me contaba de sus planes de futuro, de su boda cuándo estuviera recuperada y su familia… eran encantadores, me trataban como una más de la familia, si traían algo para Evangeline también para mí, cuando no era hora de visitas me llamaban para ver cómo estaba, en navidad… – no lo puede soportar más y las lágrimas empiezan a correr por sus mejillas – me hicieron un regalo ¿recuerdas el broche de piedrecitas verdes con forma de hoja? El que siempre te digo que no me pongo por miedo a perderlo… - Rhage asiente con la cabeza incapaz de hablar - Pues me lo regalaron ellos… no celebraba una navidad desde antes de la enfermedad de mi madre y…. – se limpia las lágrimas con el dorso de la mano - fue muy especial a pesar de pasarla en el hospital, me sentí en familia… yo nunca había tenido una familia siempre fuimos mi madre y yo y luego… sólo yo… pero no fue así ese año.
-Nalla… - Rhage sentía como se le rompía el corazón pedazo a pedazo - Tienes una familia ahora, yo soy tu familia, todos lo somos.
-Lo sé tesoro – le besa el pecho – y doy gracias por eso cada día.
-Vamos amor mío, sigue hablando, sé que te cuesta pero no te dejes nada dentro – Rhage le acariciaba el pelo con suavidad, daría lo que fuera por poder borrar ese sufrimiento de su interior pero no podía, lo único que podía hacer era recordarle una y otra vez que estaba ahí y que siempre lo estaría.
-Evangeline… le tenía pánico a las tormentas…
¿Le tenía? Pensó Rhage, pasado no presente… creía que empezaba a vislumbrar porque Mary estaba así. - ¿y a ti no te daban miedo nalla?
-No, me gustaban… pero ella les tenía autentico terror, las noches de tormenta eran las peores, se las pasaba entera llorando pidiendo ir a su casa, yo intentaba tranquilizarla y cuando tenía fuerzas para levantarme de la cama, me iba a la suya a dormir con ella pero no era suficiente…
-Eras una buena amiga Mary.
Mary negó con la cabeza y siguió hablando – Evangeline comenzó a empeorar y la maldita médula seguía sin llegar, tenia los riñones y los pulmones destrozados… no era ni una sombra de cómo era cuando llegó y a mí me mataba verla así y no poder hacer nada por ella… se estaba muriendo delante de mis ojos Rhage… y no podía hacer nada… - Dos lagrimones rodaron por la mejilla de Mary y Rhage se los limpió con los pulgares.
-Leelan estabas con ella, eso es mucho más que nada, la querías y la acompañabas.
Mary suspiró y apoyó la cabeza en el hombro de Rhage – Una noche no resistió más… para entonces apenas podía moverse de lo agotada que estaba y casi ni hablaba. Era una noche de maldita tormenta, estaba hablando con ella como siempre para tranquilizarla aunque a esas alturas ya ni lloraba... pasó un rato y no me respondía, reuní fuerzas y fui hasta su cama y al ver que no se movía llamé a la enfermera, antes de que llegaran ella abrió los ojos un momento y me miró, había pánico en sus ojos – Mary se acurruca contra Rhage y le echa le rodea el pecho buscando su calor, nunca había hablado de esto con nadie y recordarlo le estaba resultando más duro de lo que pensaba. – Estaba asustada, no sé si sabía que iba a morir, si era por la tormenta o por las dos cosas pero en sus ojos había reflejado un miedo como nunca había visto antes. Agarré su mano pero las enfermeras entraron en seguida y se la llevaron, fue la última vez que la vi y volví a quedarme completamente sola.
Rhage no aguantaba más verla así y tiro de ella para colocarla encima suya y abrazarla - ¿sabes que habría hecho cualquier cosa para ahorrarte ese dolor verdad leelan?
Ella asintió contra su cuello – Es que era mi amiga Rhage…. – comenzó a llorar de nuevo y Rhage le acariciaba el pelo y le decía palabras amorosas al igual que a una niña – Estar sola antes había sido duro… pero siempre había sido así estaba acostumbrada pero cuando la conocí todo cambió y volver a estar sola en ese hospital… fue horrible... horrible.
Rhage tragó saliva antes de volver a hablar y le beso dulcemente la frente - ¿y su familia, no los vistes más?
-Vinieron un par de veces… pero ya no era lo mismo, era muy duro para ellos entrar la habitación y no verla a mi lado y en su última visita un par semanas después de que ella muriera, me comunicaron que había un donante, ellos me dijeron que se alegraban por mi y que me deseaban que todo saliera bien pero no los volví a ver, supongo que pensaban que esa médula podría haber sido para su hija en vez de para mí y sin duda ella se la merecía más que yo, no los culpo.
-Mary no vuelvas a repetir eso, ambas os la merecíais – Rhage le coge la cara entre las manos y la besa pero ella niega con la cabeza – Claro que te lo merecías y doy gracias a la Virgen por ella – vuelve a besarla y le limpia las lágrimas de la cara a base de besos.
Mary se aferra a él mientras la acaricia – siento haberme puesto así es que lo de la chica, la tormenta… no podía dejar de pensar en ella…
-¿por qué no me has contado todo esto antes nalla? – dijo Rhage con la voz ronca, le escocían los ojos pero se negaba a llorar delante de Mary, no porque fuera a ser menos hombre sino porque eso la destrozaría.
-Porque me dolía y porque… no quería que sintieras lástima por mí.
-Yo nunca he sentido lástima por ti amor mío, Mary mírame, nunca. Lo único que siento por ti es admiración y un profundo respeto por el coraje que tienes. Has pasado más de lo que nadie debería pasar y eres la persona más buena que conozco. Hay personas que no se portaron bien contigo y tendrías todo el derecho del mundo a estar enfadada con la vida pero mírate, trabajas ayudando a los demás y nunca le niegas una mano amiga a nadie. ¿Cómo voy a sentir pena por ti mi vida? Sólo siento orgullo de ser digno de compartir mi vida contigo.
-¿piensas todo eso de mi? – dijo Mary emocionada.
- Y mucho más nalla – Rhage le acarició con cariño la mejilla con su enorme mano.
-Cariño…
-¿Qué nalla? – preguntó Rhage acariciándole la espalda, ella estaba más calmada podía sentirlo y metió las manos por dentro de la camiseta de Mary para acariciar su suave piel.
-¿nunca me dejarás sola verdad? – en su tono había un poco de miedo, en otro momento Rhage se hubiera puesto furioso por el mero hecho de que ella se lo planteara ni tan siquiera pero ahora no despertó más que ternura en él.
-Nunca nalla, nunca volverás a estar sola – ella le rodea el cuello con los brazos y lo besa, la tormenta sigue de fondo pero ahora se siente segura entre sus brazos. – Me tendrás que aguantar hasta que sea un viejecito gruñón.
Ella hace algo que pensaba no ser capaz de hacer en esos momentos, reír, rompió a carcajadas y volvió a besarlo. Esa risa sonó como música celestial en los oídos de Rhage y giro en la cama para dejarla debajo suya.
-Ya eres un gruñón pero aún así te quiero – Mary paso las manos por la espalda desnuda de Rhage y comenzó a arañarlo suavemente. - Hazme el amor Rhage por favor… necesito sentirte cerca - él la besó y ella le rodeó la cintura con las piernas arqueándose contra él. – Te quiero dentro de mí.
-¿Estas segura?
Mary se retiró un poco y se sacó la camiseta por la cabeza – Muy segura.
Un gruñido salió del interior de la garganta de Rhage y bajó para devorar su boca y luego su cuello, hasta que llegó a sus pechos y se los metió en la boca saboreándolos como si fueran el mejor de los manjares. Mary jadeaba pidiendo más y arañándo su espalda y hombros a la vez que metía una mano entre sus cuerpos para coger el miembro de Rhage. Rhage bajo por su estómago y le acarició su centro por encima de la tela de su ropa interior y Mary se retorció de placer.
-Te quiero dentro ya… cariño por favor, te necesito ya…
-Aún no estás lista, déjame… – ella tiró de su nuca y lo besó mordiéndole el labio.
-Si lo estoy, lo estoy – intentó bajarse las braguitas pero no podía con Rhage encima – Rhage por favor…
Mary estaba ansiosa lo sabía, necesitaba sentirse querida, él quería hacerle el amor dulcemente con tranquilidad, venerando su cuerpo pero no era eso lo que ella quería ahora y en estos momentos el le daría todo lo que pidiera.- Déjame a mí nena – le arrancó las braguitas de un tirón y se colocó entre sus piernas, su miembro haciendo presión en su entrada.
-Hazlo – ella se frotaba contra él y bajo las manos hasta su trasero clavándole las uñas – por favor…. Hazlo ya…
Rhage la embistió de una sola y profunda estocada que la hizo ver las estrellas, ella se aferraba a él como si le fuera la vida en ello y siguieron haciendo el amor hasta que ambos quedaron saciados, sudorosos y agotados.
-Te quiero Rhage… eres mi vida, soy la mujer más afortunada del mundo por tenerte – dijo Mary medio dormida
-Te amo Mary, mi dulce Mary… estaba muerto hasta que te conocí – Rhage se gira para mirarla y ve que se ha quedado dormida bocabajo con la cabeza mirando hacia él. La mira enamorado y le recorre con un dedo la espalda hasta llegar al final de ella y acaricia la cicatriz del trasplante, se agacha y la besa intentando no despertarla pero ella solo se mueve dormida y se acurruca contra él como un animalito buscando calor. Ella ve esas cicatrices como algo aborrecible en su cuerpo pero para él es totalmente distinto, son marcas de guerra, una guerra que ganó y que la llevó hasta él, él veneraría cada una de esas cicatrices hasta que diera su último aliento.
Y así con la lluvia repiqueteando contra la ventana ambos se quedaron dormidos esperando un nuevo día.
Autora: Mary Rlhdn

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