miércoles, 3 de septiembre de 2014

Xhexania









Algo está mal.
La rejilla llena de amor, que uso para guiarme a casa, se ha apagado.
Mahmen me envió a por frutas para conservas y de repente, no encuentro mi faro.
Suelto la cesta y corro a mi casa, preocupada, no es normal, no... Debería estar aquí... Debería verla, puedo verla a kilómetros. Siempre está aquí, desde que llegue a los brazos de mahmen,


días después de que la mujer que me di a luz, me rechazara quitándose la vida. Vi su rejilla dentro de su cuerpo. La vi al salir y la vi apagarse. Siempre era igual: rechazo, rabia, vergüenza y odio. Hacia otra persona primero. Cuando supo que existía, hacia los dos y a medida de que se acercaba mí llegada a este mundo, centro esas emociones en mí.
Supe que era maldita mientras mi cuerpo se formaba. Que no era buena, mientras llegaba a este Dhunhd frío. Que no merecía ser amada mientras, la vida de la poseedora de la rejilla tan idéntica a la mía, se apagaba.
Unos brazos me tomaron, unas manos duras y callosas lavaron mi cuerpo y unos ojos azules como el cielo me sonrieron.
Creo que me enamore de ellos. De ese tono de azul que era solo suyo. Y que no volví a ver en nadie hasta dos siglos después. Y esa sonrisa que era solo para mí.
La rejilla del macho era pura pena y compasión. Pero... Allí... En medio...Había Algo rojo... Tarde días en saber que emoción era.
Pero ahora sé que, ese guerrero, fue el primero que me quiso a su manera.
Pase en sus brazos y a su cuidado, solo un par de días, pero siguen en mi memoria.
Había otro macho cerca de él, pero no quiso que me cuidara. Y se el porqué. Había demasiada rabia, pena y dolor en su rejilla por la pérdida de la mujer que me odiaba.
Esa mañana, hacía frío, pero estaba calentita pegada a él. Estaba tan dedicada a mirar ese punto de color rojo en medio del entramado de líneas cruzadas que palpitaban encima de su corazón y que se estaba haciendo un poco más grande cada día. Que no me di cuenta de que habíamos parado.
El otro macho, me sujeto mientras el guerrero bajaba del caballo.
No me gusta porque sé que no le gusto y que él siente que soy en parte responsable de la muerte de ella.
En vez de volver a los brazos de mi... Es cierto, nunca fue mío. En brazos del macho que me cuida. Fue a parar a otros. Un macho, con mucha pena, rabia y decepción, aunque no por mí, sino por la pérdida de otro.
Busque los ojos azul cielo del cuidador y desee gritar y llorar de rabia. Lo supe en ese instante, el también iba a abandonarme. A pesar del punto rojo latiendo encima de su corazón, sigo siendo maldita. Gire los ojos, resignada y dolida. Es culpa mía. No debí haber tenido esperanzas, de que fuera lo bastante buena para que se quedara conmigo. Y me negué a verlo marcharse.
De allí pase a otros brazos, mucho más blandos y calientes. Una hembra con la rejilla muy negra y apagada. Donde el dolor y el deseo de muerte eran uno solo.
Mire sus ojos marrones llorosos y ante mis ojos, en su rejilla. El color rojo, haciendo una espiral, fue reemplazando casi la totalidad del color negro. Miro al macho, con esperanza y al volver a mirarme, sonrió.
Fue una sonrisa muy dulce y que era solo para mí. A pesar de ser yo. El macho pronuncio una palabra y ella empezó a mecerme, repitiéndola, una y otra vez, como si estuviera aprendiéndosela.
- Xhexania. Xhexania. Xhexania.
Empecé a sentirme segura y calentita entre los brazos de la Hembra.
Tenía hambre, pero decidí esperar y disfrutar de ese momento, hasta que terminara. El ruido de su voz, empezó a adormecerme y acepte el sueño con resignación.
Me sorprendió descubrir cuando desperté, que ella seguía allí. Y al día siguiente y la semana siguiente. Espere su rechazo durante meses. Pero no llego. Me acepto con mis ojos grises, mis defectos y mi parte salvaje. Con ella, aprendí a caminar, a vestirme y a controlar mis cambios. Junto a ella, descubrí que el dolor controlaba mi maldición. Como se llamaba realmente la parte mala de mí ser. Donde vivían los otros malditos. 

Por ella, supe lo que eran los Symphath: una subraza de los vampiros, temidos por su capacidad para leer, controlar e influenciar las emociones ajenas. Pero que no eran guerreros. Que son traicioneros y siempre atacan por la espalda. Son criaturas  perseguidas y se supone que son faciles de reconocer por sus deformidades fisicas, producidas por milenios de matrimonios endogamicos. Fisicamente, me parezco a mi mahmen. Así que aprendi a callar cuando leía en las demás personas. 
Sé que el macho de mi mahmen, siempre supo de mis deficiencias. Pero las callo por ella. Podía ver el amor que sentía por la hembra y que me toleraba porque yo la hacía feliz. Decidí ser la mejor hija para ella, porque se lo merecía. Cuando aprendí a controlar mi voz, sujete su cara con mis manitas y la mire a los ojos, para que viera la verdad de esa palabra en ellos. Y la llame por su nombre: Mahmen.
No había imaginado que podría llegar a pasar, pero su rejilla se puso aun más roja.
Me enseño a ser educada y piadosa. Pasábamos horas arrodilladas sobre la piedra ceremonial, con diamantes cortándonos y rezando a la Virgen. Y me encantaba cuidarla después. Cocinaba con y para ella. En el fondo de mi alma, siempre supe que ella sería la única que me amaría. 



Cerca de mi cumpleaños veinticinco, mahmen me explico todo lo que sabía sobre la transición que iba a sufrir, no pudo explicarme las diferencias que mi mitad maldita iba a provocar. Esa misma noche, me presentaron al macho que debía asistirme: Muhrder. Mahmen me explico que su hellren tuvo que pedir la devolución de muchos favores para conseguirme el mejor macho de los alrededores. El más joven y del cual se murmuraba que estaba destinado a ser un hermano. Como los demás, su rejilla estaba llena de rabia y enfado. Algo de lujuria. Pero ningún color rojo apareció en ella al verme.
Mahmen me dijo que el guerrero, había sido elegido para ser mi hellren. Y que su amor por mí, llegaría algún día, solo debía ser paciente. Como lo es una buena shellan. Sé que me mentía, pero acepte el embuste por ella, para no hacerla sufrir.
El guerrero fue llamado el día de mi transición. Su furia y rabia seguían predominando, aunque fueron reemplazados por repugnancia cuando no pude seguir escondiendo mi parte maldita.
Me dijo que no me preocupara. Que como mi hellren, estaba obligado a guardar el secreto. Pero que a cambio, debía aceptar retrasar la ceremonia de emparejamiento, lo más posible, meses o años, quizás décadas. Para proteger a mahmen de las consecuencias de una denuncia y porque no deseaba esa ceremonia, fuera cual fuera, simplemente acepte.
El mismo mordió su muñeca y me la ofreció. Tome su sangre sin tocarlo. Sin mirarme, cerró las heridas pasando un dedo lleno de saliva por su muñeca y pude oírlo lavarse en el baño. No puedo decir que me doliera su rechazo, ya que solo confirmo, lo que ya sabía. Que soy maldita. No volví a verlo, hasta casi una década después. Bendita mi parte maldita, por hacer que no necesitara alimentarme tanto como los vampiros de pura sangre.
Había suficientes civiles por los alrededores para poder calmar mi sed de sangre, sin tener que recurrir a él. La verdad, es que el, tampoco me llamo nunca.
Hasta este fatídico día. En que la rejilla roja que era mi faro, se apago.
Los encontré decapitados y con una estaca en el corazón. Tenían coronas de ajos sobre sus cuerpos. La casa fue saqueada, pero no me importo. Mire su cuerpo vacío.
El dolor que sentí por la muerte de ella, fue tan fuerte que creí que mi corazón se estaba rompiendo. Aun así, guarde mis lágrimas, cerré la casa a cal y canto, espere a que fuera de día. Y realice la ceremonia del Fade para ellos. Pase varias horas, llorando y rezando a la virgen de mi mahmen, para ella. Por esos años en que me sentí amada. Como siempre, termine sin haber recibido la respuesta que ella decía recibir, al rezar. A pesar de lo que mi mahmen decía, imagine que al igual que el resto del universo, no soy del agrado de esa Virgen a la que ella veneraba. Acerque los cuerpos a la ventana y la abrí para que la luz del sol, los elevara hasta su destino final. Recogí todo lo salvable de la destrozada casa y lo que estaba escondido en las paredes. Y busque al único que podía ayudarme a volver a empezar. O eso creía.
Lo encontré en la corte del rey. Tuve la precaución de no decir quién era para él, sino hacerme pasar por una amiga de su familia. Me recibió en un despacho bastante alterado. Me anuncio que desde hacía unos años, era un hermano. Pero por lo demás. No había cambiado, ni sus sentimientos por mí. Solo pareció aliviado cuando le confirme que no venía a pedirle que se confirmara nuestro emparejamiento. No me presento a los demás como su shellan, solo como una conocida. No fue presentada al rey, sino escondida en los cuartos de los Doggen. Hasta que pocos días después, me pidió que me fuera, porque había murmuraciones. Me dio las señas de la colonia Symphath y juro que iría a por mí, si estaba en peligro.
Allí conocí al rey Symphath y supe que era el padre del macho que secuestro a la hembra que me dio a luz. Supe que fue ejecutado por sus crímenes por el hermano Darius, el macho que cuido de mí. Conocí a su hija y me anunciaron que a pesar de mi mestizaje, por ser la hija del primogénito, pasaba a ser la siguiente en la línea de sucesión.
A pesar de rechazar el dudoso honor de convertirme en la princesa Symphath, tuve que soportar los insultos y humillaciones por parte de la ahora princesa derrocada, con la excusa de que debía aprender los deberes de la sucesora al trono.
A pasar de las torturas y los experimentos, me alegre de ser raptada por los humanos y alejada de la mierda de la Colonia.
Solo un par de veces durante el mes y medio que duro mi cautiverio, pensé que no podía soportarlo más y llame a Muhrder para que viniera a recatarme. Nunca vino. Así que busque otra forma de escapar. Deje que el guardia que siempre me deseaba, usara mi cuerpo lo suficiente para que bajara la guardia y darme la opción de escaparme.
Espere a que mi cuerpo sanara antes de decidir mi futuro. Todos los periódicos hablaban de la vida idílica que había en el nuevo mundo. Así que vendí uno de los diamantes y prepare mi viaje. 


Solo me quedaba por dar por terminado una cosa antes de irme.
Con el pasaje para tomar un barco al nuevo mundo, en mi bolsillo. Busque a Muhrder. Ni siquiera me dolió averiguar que a pesar de haber recibido mis llamadas, no se había planteado buscarme o rescatarme. Y que seguía deseando deshacerse de mí como su shellan maldita tanto o más, que cuando yo le fue impuesta una década antes. Solo su sentido de la lealtad y un retorcido sentimiento de protección, le impedía, solicitar la disolución de una unión no deseada por ninguno de los dos. Así que lo hice yo.
Tal y como lo había hecho muchas veces junto a mahmen. Me vestí de blanco, prepare la piedra ceremonial que acababa de comprar. Saque del interior de la parte externa de mi muslo, la bolsa con los diamantes que pertenecieron a la familia del macho de mi mahmen. El los guardaba casi en el mismo lugar de su cuerpo. Así pude recuperarlos y conservarlos después de su muerte y a pesar de mi apresamiento. Al no haber cicatriz, no los descubrieron.
Me arrodillé y rece a la Virgen durante horas, pidiendo la disolución del emparejamiento, la libertad del hermano, el fin de una unión no deseada, ni consumada. Solo deje de rezar cuando los diamantes amenazaron con traspasar el hueso. No espere una respuesta, sabía que no la habría. Curé mis rodillas y seguí con la preparación de mi viaje.
La respuesta, sin embargo llego varios días después. Cuando fue escoltada desde la posada donde me alojaba hasta el despacho del rey.
Allí encontré a un Wrath muy cabreado y a un Muhrder tan enfadado y ofendido que me sorprendió la fuerza de esas emociones en el. Casi ocultaban su repugnancia y su odio por mí.
Fuimos informados de que la Virgen había aceptado mi petición de disolución.
Creí que Muhrder estallaba de rabia cuando supo que su oscuro secreto había quedado al descubierto. También, se le informo que se había pedido que fuera desterrado de la hermandad y sometido a un Rythe por su trato hacia mí. El cual no fue aceptado, por no ser de la línea de sangre del que lo pidió.
Wrath no aceptó decir cuál de los hermanos lo había pedido, pero secretamente deseaba que hubiera sido Darius.
El rey le dio la opción al hermano de retirarse sin honores y sin escándalo por haber faltado al código de la hermandad. Solo el hecho de que mantuvo escondida mi parte maldita hasta el final, lo salvo de un destino peor.
Sentí que mi cuerpo se vaciaba de sangre cuando supe que el rey sabía de mi parte salvaje.
Imagine que volvería a ser enviada a la colonia, pero después de informar de mis planes al rey, el acepto hacer la vista gorda y no denunciar mi existencia si cumplía mis planes y tomaba el barco previsto. Me sorprendió el color de su rejilla al decir esas palabras. Estaba mintiendo pero no pude averiguar cuál era la mentira.
Abandone el despacho del rey, sintiéndome liberada, sin una mirada al monarca, ni al hellren que nunca debí tener, y que nunca volvería a serlo.
Fue a la posada, tome mis cosas y sin mirar atrás, abandone el antiguo país.
Tardamos dos semanas y tres tormentas en llegar a Nueva York.
Encontré con facilidad, trabajos que me permitieron pasar desapercibida y conseguir el bastante dinero para no tener que vender otro diamante. Ser capaz de salir de día era una bendición. Ser sigilosa y tener la precaución de cambiar de estado cada vez que necesitaba alimentarme, me mantuvo a salvo durante siglos. 

 Aprendí a ser una asesina de renombre: La muerte silenciosa. Asesinaba de día, para asegurarme no tropezar con los de la raza. No había competencia, ni casi vampiros, ni Lessers. Fueron siglos de acumular una gran fortuna de forma fácil y casi sin riesgos.
Supe de la muerte del rey, por un civil del cual me alimente en Seattle. Y me aleje de Nueva York, cuando los rumores empezaron a circular sobre la llegada de la hermandad. Puse tanta tierra de por medio como pude, cuando supe que en el norte, se había instalado una réplica de la colonia Symphath. Nadie me descubrió.
Hasta hace unos años. Una mujer de la Glymera dio conmigo. Su petición era clara. O asistía a su hijo en su transición o ella me delataba ante el rey.
Lo intente todo, desde amenazas a sobornos, pero ella siguió fiel a su petición. En honor a mi propia supervivencia, no tuve otra opción que aceptar. En la nueva ubicación de la corte de la raza vampírica, Caldwell, nueva jersey. Conocí a un pretrans muy particular. Sus ojos violetas y la forma distinta de su rejilla delataron quien era su padre.
Sabía que me estaba leyendo, así que deje que mi rabia y enfado hablaran por mí, por mi disconformidad sobre la obligación de asistirle. El muchacho, tampoco estaba contento de verme.
Allí supe cómo había conseguido dar conmigo. Por lo visto, mi abuelo y padre del pretrans, había facilitado a la hembra, la forma de localizarme. Estar forzados a convivir hasta que mi sangre fuera necesaria, hizo que forjáramos una extraña amistad que hoy aun dura. Asistí a Revhenge durante su transición. Y seguí a su lado para protegernos mutuamente como una extraña familia, usándonos para alimentarnos mutuamente y no exponernos. Estaba a su lado cuando llegaron a nosotros, los Sombras. Cuando abrió el ZeroSum. Cuando mato a su padre y después a su padrastro. A cambio el se hizo cargo de la amenaza de la princesa Symphath, contra mí. Cuando el hermano del rey subió al trono y se caso con ella. Ella lo hizo para asegurarse de que ninguno de los dos, intentáramos reclamar el trono.
Y estaba en el ZeroSum, cuando llegaron por primera vez. Los vi llegar tan imponentes como siempre. El nuevo rey con su corte de hermanos. Y entre ellos estaba él: Darius. Con esos ojos del color del cielo tan extrañados. Sé que tardo varios días en reconocerme. Quizás porque me asegure siempre de estar lo más lejos de el cómo me fuera posible. Y también del otro. El ayudante que era ahora un hermano: Tohrment. El si embargo, tardo años en reconocerme.
Darius me arrinconó un día en mi despacho y volví en perderme en ese tono de azul y en ese punto rojo que latía encima de su corazón. Me costó todas mis fuerzas no demostrar emociones delante de él. Confirmo la mayoría de las cosas que sospechaba sobre mi pasado.
La elección de mi nombre y la del que fue mi hellren. Quien pidió el destierro de Muhrder y la petición negada del Rythe.
La mentira del rey de que haría la vista gorda por el trato de mierda que recibí del macho que debía cuidarme. Cuando fue en realidad un favor pedido para protegerme. El que mí escapada del viejo país fuera tan fácil. Los siglos de tranquilidad que tuve en este.
Fueron gracias a la vigilancia del hermano.
Solo pude darle las gracias, intentando parecer desinteresada. Hasta que soltó una frase que casi me rompió. Mirándome a los ojos, me dijo, que de todos sus hijos, yo fue la primera y la  única a la que pudo tomar entre sus brazos. Mientras mi celebro privilegiado se fundia .El salió del despacho, con una sonrisa que decía que sabía que había puesto mi mundo patas arriba. Y yo seguí huyéndo de el y mirándole desde lejos, para no poder a llegar a sentir más por él.
Hasta ese fatídico día, en que una bomba adosada a los bajos de su coche, puso fin a su vida y a una parte de la mía. Yo vi su coche saltar por los aires, mientras una parte de mi corazón, moría con él. Yo llame a la policía y a los para-médicos por si podían salvarlo. Como jefa de seguridad, pase varias horas con la policía. Hasta que pude por fin volver a mí casa cerca del río.
Saque la loza ceremonial que sobrevivió al viaje en barco desde el viejo mundo, extraje la bolsa de los diamantes de su escondite dentro de mi muslo y después de una ducha purificadora, me vestí de blanco, me arrodille y empecé la misma ceremonia del Fade, que hice para mi mahmen.
Sola en mi casa y a escondidas de todos, recé y lloré por la pérdida de un padre que nunca fue mío. 


Tuve solo dos días para superar el dolor de la pérdida del hermano. Y solo dos años para prepararme antes de tropezar con un pretrans delgado y debilucho. Con los ojos color del cielo y una sonrisa que hizo que mi corazón se saltara varios latidos. Ver ese tono de azul que veneré durante siglos y saber que era hijo de Darius, solo me impulso a huir del tal John Matthew. Luche aun más fuerte contra la atracción que sentí por él cuando un punto de color rojo empezó a latir encima de su corazón y más aun cuando entro en el club, después de superar su transición. Sentí tantos celos por la hembra que lo había asistido que tuve que salir del club. Pero al día siguiente volví buscando verlo y al siguiente y de una manera enfermiza, busque verlo todos los días. Verlo con sus amigos, verlo solo, verlo después de patrullar. Verlo buscarme con esa mirada azul cielo. Verlo tramar formas de tropezar conmigo. Ver ese punto no desaparecer, sino aumentar cuando descubrió mi parte maldita. Ni siquiera mi intento de asquearlo a través de sexo, funciono. No para mí, por lo menos. Solo conseguí desearlo aun más.
El secuestro a manos de Lash y las vejaciones que sufrí mientras estaba cautiva, fueron soportables porque sabia que el existía. Pasar largas horas pensando en mis sentimientos mientras estaba encerada esperando a que volviera, sabiendo que además de atarme y pegarme volvería a violarme, me dio tiempo a reflexionar sobre mi guerra contra mis sentimientos por Tehrror.
Verlo, destrozado de dolor abrazando una almohada y diciendo mi nombre, término de decidirme.
Si conseguía salir de esta. No volvería a negar lo que siento por él, ni a ponerme en contra de una relación.
No me he arrepentido de esa decisión y dudo que llegue a hacerlo nunca.
Días después de mi ceremonia de emparejamiento y mientras mí macho estaba patrullando. Saque lo necesario para rezar a la Virgen. Puede que nunca me haya contestado directamente. Pero creo que, si me escucha. Así que le di las gracias, por darme mi propio trozo de paraíso, el que está en los ojos color del cielo de mi hellren.








































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