martes, 6 de noviembre de 2012

Evocaciones mentales


Tercer gandor del concurso Relatos de Halloween 2012

-Abrí los ojos una vez más, era casi inaudito lo que se podía llegar a ver. Las sonrisas en los rostros de esas personas, hacían aun más abundante las ganas de vomitar. Tragué lentamente lo que había llevado a mi boca, casi sin querer busqué agua en aquel vaso que la camarera había traído. Me había observado con aquella mirada tan profunda que hasta el momento de hoy, creo que no podría dejar de notar la distorsión impresa en ella. Sabía a perfección que había cosas en mi mente y en mis recuerdos que alguna vez llegaron a estremecerme de tan solo pensar que existiera, pero verlo y vivirlo, provocaba colisión en mis pensamientos. ¿Sabían acaso de que se trata todo esto?... “Sí, claro que sí. No era posible que alguien estuviera haciendo esto sin poder tener un mínimo de conciencia” Respondí a mi propio cuestionamiento mental casi sin dejar segundo a la duda. Sumergido en la desesperación y contradicción, los pensamientos fueron interrumpidos en ese momento por una profunda y ronca voz - ¿Se encuentra usted bien señor...?- Llevé la mirada en dirección a la de la voz y de forma rápida y sin razón alguna oculté mis pensamientos de ella, llevando consigo mis contradicciones a lo mas profundo de mi intimidad.



-Si – Declaré, -¿Puede traer la cuenta por favor?...


Cuando y apenas había transcurrido un par de años de mi transformación, convertido en la criatura que por voluntad propia había decidido ser desde aquel fatídico día hasta la luna de hoy, me había dedicado a viajar casi todos los meses por diferentes lugares. Llegué a conocer muchas personas, muchas de ellas mis victimas y también una que otra, pasaba más que una simple noche conmigo.


No recuerdo con exactitud cuánto tiempo había pasado desde la última vez que me había alimentado y por ello sentía malestar. Estar demasiado tiempo así no me hacía ni me caía en gracia y quería dejar de culpar a otros por la necesidad de sobrevivir. Matar, no era lo que consideraba volver hacer, así que me abastecía la mayoría de las veces de centros de bancos de sangre en las ciudades a las que me dirigía. Planificaba muy bien el viaje antes de embarcarme, buscando sobre todo algún hospital en la ciudad de destino y también un ambiente no demasiado concurrido. Llegué a conocer gran parte del continente de Europa y me faltaba conocer parte de Asia. Recuerdo desde pequeño escuchar que había mitos sobre culturas y tipo de personas, pero en la actualidad solo de comercio y economía. Quien más que yo, para saber que las personas cambiaban y que era muy difícil lo que alguna vez existió, volver o perdurar en el tiempo. A no ser que fuera con exactitud como mi forma de vida, ¿no?. Antes de llegar de plano a Estados unidos y ubicarme en mi actual ciudad había pasado una de las más grandes revelaciones que podría imaginar, no era posible que me sorprendiera tanto ya que en mi larga vida había conocido cosas que ningún humano sería capaz de soportar sin terminar en una crisis de locura oproblemas mentales, pero eso es lo que me lleva hoy a intentar explicar. ¿Cómo era posible que ellos fueran parte de algo tan enfermo como macabro, donde cualquiera con un poco de escrúpulo no soportaría ni un instante?


Desperté aquella noche, el sudor helado recorría por mi frente y la respiración agitada, eran circunstancias que se habían vuelto casi normales dentro de las dos últimas semanas. Aquella carta que había recibido había revivido uno de los episodios que había intentado olvidar a los largo de los años. Me levanté y caminé hacia el baño, un poco de agua calmaría mi ansiedad. Abrí la llave y lavé un poco mi rostro quitando aquel sudor, respiré hondo mientras miraba mi rostro en el espejo y resoplé -Vamos Jared, no es posible que estés así solo por una jodida carta...- Cerré la llave del agua mientras apagaba la luz del cuarto de baño y regresaba a la cama para luego cerrar los ojos una vez más, recordando con precisión cada palabra de aquel papel.


[i]Septiembre,24 de 2001 Chichi Jima, Japón


Señor: Jared


-Sé que hace tiempo no nos hemos encontrado, bueno desde que decidiste salir... Me ha costado un poco encontrarte, pero, me he dedicado a dedicar mis últimos años de vida en buscar y saludar a mis amigos más cercanos. Sabes que eres parte de uno de ellos.


Espero que algún día vuelva a verte antes de partir. Las cosas no han estado demasiado mal estos al cabo de estos años y apenas si recuerdo cuanto ha pasado desde la última vez que nos vimos. Espero que tu vida vaya bien..


Saludos


Tu amigo que no te olvida:


Yoshio Tachibana.[/i]


La carta había llegado con unos cuantos meses de retraso y apenas podía creer que aun siguiera con vida. Yoshio había sido más que un buen amigo, lo había conocido una de las noches en la que recorría la ciudad de Chichi Jima, perteneciente a las Islas Ogasawara en Japón. Desde pequeño había considerado que en algún momento de mi vida podría visitar aquel lugar.


Mi estadía solo se extendía no más de un mes y había estado planeando muchos meses atrás acercándome de a poco a medida seguía mi viaje por Europa. Cuando lo conocí, su mirada reflejaba mucho dolor pero también un carisma inolvidable. Una de las pocas personas con las cuales puedes contar sin que sea necesario pedirlo. Por alguna extraña razón ya conocía a los de mi clase y no era difícil convivir con él, compartimos un departamento mientras vivía ahí. 5 Meses había durado, quizás me hubiera quedado ahí de por vida, si no hubiera sido parte de algo que en mi interior no podía soportar.


Creo que llevaba al menos una media hora dando vueltas por la cama tratando de conciliar el sueño. Cuando ya casi me había rendido estaba en aquel lugar una vez más; la puerta de color marrón y aquellas letras que nunca dejaban de confundir. Miré a mi costado y Yoshio sonreía de manera casi perfecta. Me estremecía la piel cada vez que lo veía sonreír de esa manera. Llevaba semanas intentando convencerme para venir a este lugar, me había hablado maravillas de las cuales no le había creído ni la mitad. Era una persona muy persuasiva cuando quería. Y a pesar de ello y tanto tiempo insistiendo, comencé a ceder. Había algo de aquel lugar que no me traía buen augurio, pero como aquella noche no teníamos casi nada que hacer y creo que de todo el tiempo que había estado ahí, las cosas se habían vuelto un poco agobiantes; el trabajo de medio tiempo para poder sobrevivir se complicaba cuando debía cambiar los turnos por las noches en mi condición, pero me las arreglaba para poder cambiar cada semana, claro que conseguía mantener libertad los sábados y domingos para salir a recorrer la ciudad.Los meses pasaban rápido casi en un abrir y cerrar de ojos, ya había transcurrido mas menos unos 4 meses y medio, bueno digamos que la mayoría del día dormía yel resto de la noche en el trabajo de medio tiempo, así que en mis días libres me dedicaba a conocer y disfrutar de esta cultura bastante nueva para mí, así que al final accedí.


-Bien, mas te vale que sea un buen lugar o veras que me te voy a cortar las bolas, no puedo estar perdiendo mi noche libre, ¿has oído?- Hablaba entre japonés e ingles, porque era difícil en tan solo unos meses manejar un idioma tan complejo como el Honshū, que  se practicaba mucho en las islas pequeñas como Chichi Jima. Me miró desafiante y dio unas palmadas en mi espalda mientras abría la puerta del lugar para que entráramos -Tranquilo mi querido tomodachi, verás que no te vas arrepentir- Negué sin poder convencerme aun y sin imaginar lo que ahí pasaría


-Eso espero- susurré solo para mí al observar lo que venía a continuación.


El lugar era muy normal para ir a comer, unas cuantas personas  ocupaban el lugar. Miré la decoración y era muy sobrio; el techo estaba de blanco y las paredes también, una franja en medio de color negro y apenas si entraba luz de afuera. La música era algo penetrante en los oídos nada de lo que haya podido recordar haber escuchado antes. Una camarera muy decidida caminó hasta nosotros y en silencio nos dirigió a una pequeña mesa de solo dos puestos. La cubría un mantel de color rojizo oscuro casi marrón, muy bien servida con sus correspondientes servicios, nos entregó la carta y continuación dos vasos de agua fría sobre la mesa. Miré las letras intentando descifrar algo pero de costumbre Yoshio se adelantó, sabía que mucho no entendía así que la mayoría de las veces solo dejaba que él pidiera. Sabía mas menos las cosas que podía comer pero esta vez alcancé a descifrar entre sus palabras "lo de siempre" y "que esté tibio". Entrecerré los ojos para mirarlo algo desconcertado y me acerqué un poco a él


–Eres cliente frecuente aquí, ¿no? - Asintió y susurró de vuelta –Claro vengo seguido a "Ootoya"- Supusé que sería el nombre que le daban al restaurante y suspiré algo forzado intentando no tomar en cuenta las personas de la mesa cercana. Nos miraban, más bien, me miraban con una expresión un poco extraña, su forma grotesca de masticar y hasta llamativa al ver como trituraban aquella carne en su plato, el olor era bastante penetrante y atractivo


- Bueno esperemos que sea elección - Arrastré las palabras aun sin convicción en ellas mientras colocaba mi servilleta de tela sobre las piernas. Tomé el vaso de agua para dar un sorbo y su sabor era muy refrescante no parecía solo agua, raspaba en la garganta y aclaraba el paladar y los gustos en él. El pequeño trago hizo más prominente mi saliva como si el hambre hubiera aumentado y extrañamente el deseo de sangre también. Mientras esperábamos el pedido, me dediqué a distraer la vista en las personas que estaban ahí. Casi se oían conversaciones, solo comían con ansias de más. Como si llevasen meses sin probar algún bocado de comida. Sabía que eran humanos por su forma de vestir y la cotidiana elegancia con la que se envolvían. Ningún aroma o expresión que me hiciera creer lo contrario. La manera en como consumían sus alimentos me daba un poco de confianza, como si fuese lo que anhelaba comer por vez primera. Interrumpió mi pensamiento la señorita camarera cuando depositó sobre la mesa un plato blanco no tan grande, en el centro de este se encontraba solo un pequeño trozo de carne algo molida y un color muy oscuro, unas verduras que podría describir como zanahoria y quizás algo verde encima. Miré a Yoshio y sonreí un poco al verlo tan animado, cogió su tenedor y dio una probada, sus ojos se dilataron al instante y su respiración se detuvo por un segundo, sentí que el correr de su sangre se aceleró sin más. Bajé el rostro a mi plato y tomé el tenedor. Lo que pasó al acto siguiente me hizo erizar hasta lo más profundo de mi ser. Me llevé a la boca un pequeño trozo de carne y sentí como el sabor se mezclaba con mi saliva, cerré los ojos intentando descifrar el sabor, ya lo había probado, de eso estaba seguro. Bajó lentamente por mi garganta y volví a repetir la acción una vez más. Mis ojos se abrieron de par en par cuando al fin logré descrifrar el sabor tan confuso y familiar que tenía en mi boca. Miré a mi alrededor intentando buscar una explicación, pero todos seguían comiendo como si solo fuera una cena normal, pero no lo era, no lo era en absoluto. Tragué una vez más y tomé el vaso de agua apresuradamente, mi respiración se aceleraba y casi por un minuto pasó por mi mente que podría ser una trampa, como era posible que ellos supieran quien era y que me dieran a comer de esto... Yoshio me había traicionado, ¿como era posible? , ¿como había perdido el control de esta situación sin darme cuenta?. Alcé la vista en su dirección y lo vi tan tranquilo comiendo, no dijo ni una sola palabra, solo me miraba de a ratos sonriendo de esa manera que me hacía estremecer.


Tosí un poco aclarando mi garganta, intentando controlar mi reacción. Sin poder aguantar más solo le susurré lentamente a Yoshio...-Las personas de este lugar saben, ¿que están comiendo?- Él levanto la mirada con calidez pero al mismo tiempo como si no quedara nada de coherencia en ella -Claro que lo saben- Hizo una pausa y siguió masticando. -¿Vez? ellos no son tan diferentes a ti, al menos en el fondo creo que ellos tienen más valentía que tú en admitir lo que son- Alzó una ceja y me miró desafiante- No crees que tengo razón ¿Jared?...- Cerré los ojos al dar vuelta a aquellas palabras en mi mente mientras volvía el silencio y la música de fondo, dejé caer mi tenedor sobre la mesa, repitiéndome a mi mismo; ¡no es posible!, ¡no es posible que ... no es posible que puedan estar comiendo carne humana!... Desperté casi al instante en que esa palabras se repetían en mi mente una y otra vez... miré la hora y el sol ya había caído. Me levanté casi sin pensarlo y entré al cuarto de baño. Sentía que una vez bajo el agua, al menos mis recuerdos se quedaría en lo que habían sido hace más de dos semanas... solo recuerdos antiguos, borrados casi inconscientemente de mi mente...macabros recuerdos que no quería volver a recapitular.


AUTOR: JARED RLHDN

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